Temática: Reseñas de libros
 Seabirds - The new identification guide. La nueva guía de Peter Harrison et al. (2021) (Leído 145 veces)
   Christian Savigny
Cantidad de mensajes: 79
Fecha mensaje: 20/11/2022 14:25:50
Última modificación: 21/11/2022 20:33:05 por Christian Savigny


Harrison P, Perrow M & H Larsson. 2021. Seabirds. The new identification guide. Lynx Edicions, Barcelona

Tapas duras, 164 x 244 x 42mm, 1,6 kg. Precio 75-95 U$D (considerando o no ofertas y el envío desde Europa)

Varias generaciones tuvieron como referencia principal las guías de P. Harrison, la primera de 1983, reeditada en 1985 y la fotográfica de 1987. Las primeras contaban con láminas del autor, que, a pesar de su calidad muy variable, superaban la mayoría de lo existente, especialmente tratándose de un volumen cubriendo todas las aves marinas conocidas. Generaciones anteriores contaban con varias ediciones de los libros de Alexander (1928 y reediciones, la última en 1963), y Tuck & Heinzel (1979), mucho más portables pero inferiores en todo sentido.

Contar con una cobertura apropiada de todas las aves marinas del mundo en un solo volumen parecía un imposible hasta esa guía de 1983, que con todos sus aciertos y todas sus falencias fue irremplazable hasta la aparición de este nuevo volumen en 2021. Aunque aquella tiene algunos detalles que escapan a la de 2021 por su formato (los textos tienen el límite impuesto por el tamaño de la ficha, antes estaban aparte), se la puede jubilar con los máximos honores. Cuando uno entiende un poco del tema que trata un libro, suele iniciar una relación muy íntima con esa obra, conociendo los pormenores, familiarizado con la bibliografía, etc. Comienza una sucesión de reconocimientos, decepciones, sospechas, asombros; casi hasta el amor-odio. Desde el ¡qué bien lograron esto! hasta un “me caigo y me levanto” ¿cómo puede ser que aseguren aquello, u omitan esto otro?

Encontrarán muchas críticas a continuación, que son pocas para un libro tan extenso. Prometo sintetizar todo lo positivo, que es muchísimo más (por lejos), al final.

A primera vista nos encontramos con un volumen de tapas duras con tamaño similar, aunque este tiene más páginas (600 vs. 448); más pesado y de difícil transporte. Aquí acordaremos que no se trata de una guía de campo, tal como las conocemos, sino un volumen de estante (o para ser utilizado en el puente de un barco). Como guía de campo contemporánea se puede mencionar la fotográfica de Howell & Zufelt (2019), práctica pero que abarca menos especies (algunas exclusiones -gaviotas- parecen ser muy arbitrarias, otras son directamente incomprensibles, como por ejemplo Sterna paradisaea, ave oceánica si la hay).

La encuadernación no parece muy sólida, de hecho, a las 5-6 aperturas de mi ejemplar se despegaron ambas cabezadas (las telitas o cordones en lo alto y bajo del lomo), algo casi ofensivo en un libro de tan elevado precio. En cuanto al papel, es estándar (tiende a ondularse tempranamente con mínima humedad). Ahora, la impresión es soberbia en cuanto a reproducción de colores, brillo/contraste, nitidez y detalles ¡Quién pudiera imprimir con esta calidad en Argentina! El sueño de cualquier ilustrador que haya visto sus detalles, sombreados y matices empastados y oscurecidos por la imprenta.

Al examinarlo nos encontramos con la clásica página doble con planisferio y localización de islas donde aves marinas nidifican y otros puntos de interés. Sigue un prefacio, que es en realidad una no muy breve autobiografía de Harrison. Se nota que este es SU libro, y quien conozca algo acerca de su personalidad, comprenderá inmediatamente varias cosas. Es el autor principal quien lleva la voz cantante, incluso el copyright de las ilustraciones (propias ¡y las de Larsson!). En la presentación, realizada vía internet, debido a la pandemia de la COVID 19, Harrison decía que su objetivo era “quitarnos la respiración” (“take your breath away”, sic), con el asombro provocado por su trabajo (la humildad, ante todo), y que esta obra era su legado. Lo último realmente es verdad, y como tal, ese legado no es poca cosa.

Se describen a continuación generalidades de las aves marinas y el clásico “cómo utilizar este libro”. Luego encontramos comentarios sobre los mapas (donde están casi escondidos en el texto los códigos de color). Sigue un glosario, una topografía y otro planisferio con localidades destacadas, lo último siempre algo apreciado a la hora de hacer logística de viajes. Se enumeran diferentes zonas y océanos, donde nos quedamos esperando por el Austral y la Antártida en general. A continuación, se enumeran las especies tratadas con sus números de página (una mínima casilla de marcado habría convertido la lista en una checklist). Luego comienza el cuerpo principal de la obra, con el tratamiento de los diferentes grupos y sus especies.

La taxonomía de esta nueva guía es híbrida, un ensamble frankensteiniano donde no se sigue realmente una fuente, sino que se apela a trabajos individuales para realizar splits (separación de especies o elevación de subespecies a rango especifico), y en otras ocasiones a lo que parece el criterio de los autores, sin base en estudios conocidos (volveré a esto). Entre los diferentes arreglos alguno se recibe gratamente, como mantener Catharacta para los salteadores grandes. Otros no son más que la continuación de estudios ya relativamente antiguos, como los diferentes géneros para las gaviotas chicas basados en análisis moleculares limitados (Chroicocephalus, Leucophaeus, etc), siendo que el género Larus se ha probado monofilético en un estudio más abarcativo (Liebers-Helbig et al. 2010, Liebers-Helbig 2013) ¿el segundo no consultado por estar escrito en alemán? Otro capricho es el de conservar Aphrodroma para el petrel pizarra, Lugensa brevirostris, el último género y su validez explicados claramente por Bourne (2001), y adoptado en trabajos recientes (Savigny 2021, OSNZ 2022). Extrañamente, Diomedea (antipodensis) gibsoni (tratado por diferentes autores como subespecie o especie plena), aparece aquí como una raza no de D. antipodensis, sino del austral D. exulans, contra evidencia genética y presuntamente basado en un estudio de plumaje que presenta algunos errores. Es decir que mientras se separan todas las anteriores subespecies de errantes, se le suma una a D. exulans, trasladandola desde D. antipodensis (mucho se puede hablar sobre esto). Esta parece taxonomía intuitiva, curiosamente retrógrada en un libro que busca adelantarse a los estudios, o basada en el poco científico criterio del “para mí” (esto es de tal o cual forma), que frecuentemente suelo criticar. Contrastando, encuentro algunos casos donde los autores ejercitan una mayor cautela, como considerando las dos formas de Pagodroma nivea como subespecies y no especies plenas.

Los mapas son los mismos de la HBW and BirdLife International Illustrated Checklist of the Birds of the World, de la misma editorial, que a su vez son (con excepciones) virtualmente los mismos del Handbook of the Birds of the World (HBW), lo cual quiere decir que las distribuciones de muchos albatros, petreles, etc. datan de 1992, cuando se lanzó el volumen 1. Los autores aclaran que “no se realizó esfuerzo alguno” por incorporar información de vagantes, tampoco -añado- por actualizar mapas con múltiples fuentes aparecidas desde entonces. La excepción son los mapas de las especies “nuevas”, los splits y las pocas que fueron descriptas para la ciencia. Es realmente un dolor de cabeza tener un libro de 2021 con mapas tan desactualizados, considerando que la obra es fruto del trabajo de 15 años de un grupo de personas (Harrison ha dicho que tiene un asistente que tipea los textos que él entrega manuscritos), dos ilustradores, un tercer autor/editor (Perrow), mas el personal de respaldo que provee una seria editorial como Lynx. El mismo argumento se puede esgrimir respecto de la bibliografía utilizada para la taxonomía o en los textos, particularmente en cuanto a la distribución. Uno de los tantos ejemplos groseros es el de los albatros Thalassarche steadi, que según esta obra “posiblemente alcanza Argentina/Brasil”, ignorando -como mínimo y sin ahondar en los dos países mencionados- un sinnúmero de trabajos y análisis moleculares publicados en inglés en prestigiosas revistas por investigadores uruguayos.

La selección de especies es similar a la de la edición anterior, pero con la añadidura a todo color y con fichas propias para los “patos marinos” del hemisferio norte, además de los nuestros como el juarjual y los quetros o patos vapor (algunos errores menores allí), los macáes del mundo (muchos completamente restringidos a cuerpos continentales de agua dulce, incluidos para no dejar el grupo incompleto, se intuye), luego las gaviotas, álcidos, pingüinos, tubinares, piqueros, fragatas y todos los otros grupos esperables de aves marinas.

Como ilustrador de aves, me resulta muy incómodo criticar el trabajo ajeno, sin embargo, me tomo el atrevimiento de comentar brevemente la calidad-utilidad de las láminas.

Las ilustraciones están a cargo del mismo Harrison, con la celebrada incorporación de Larsson, bien conocido por sus pinturas de gaviotas y salteadores en otras guías. El arte de Harrison siempre ha oscilado entre adecuado y pobre, según la lámina, y en esta entrega se nota una mejora desde su guía anterior, pero muchas falencias persisten. A veces parece desconocer los grupos de plumas, y trabajar con apuro (ha dicho que dedica aproximadamente una hora a cada figura). Si bien algunas nuevas laminas son bastante buenas (falaropos, aves fragata), y otras son adecuadas a buenas (álcidos, pingüinos), los albatros y petreles son bastante pobres. Harrison abusa de un rayado grueso con un contraste excesivo de trazos blancos y negros (ver ejemplos extremos en Pelecanoides y Diomedea), los grupos de plumas y sus formas parecen opcionales en algunos grupos (aparecen como “escamas” dispuestas al azar, o sucesiones de rayas), y se esfuerza por mostrar muchas (incluso demasiadas) poses diferentes en actitudes “naturales” (léase sacadas de tomas fotográficas), que solo complican la interpretación de las láminas y la comparación de plumajes. Sí puede decirse que ha mejorado en cuanto a la anatomía, al menos en la silueta, en algunos casos abismalmente, desde su guía original. La cantidad de plumajes tratados es más que generosa, algo a aplaudir, y el trabajo realizado para diferenciar “nuevas especies” es en general adecuado. Remarco nuevamente el trabajo realizado en las aves fragata, el mejor a la fecha. En el caso de algunos petreles, como los del complejo “Hydrobates castro”, realmente las ilustraciones -de este nivel- no tienen propósito alguno, el resultado es realmente pobre y estos petreles se diferencian en los tiempos de nidificación y muda (mínimas diferencias proporcionales que, en mi experiencia, requieren muchísima práctica de campo y/o comparación directa). Dicho todo esto, al comparar el antes y después de Harrison con ambas guías lado a lado, se nota un esfuerzo evidente por mejorar la anatomía, el detalle y por aumentar la representación de variaciones en el plumaje. Sin dudas se ha superado con creces en la mayoría de los casos, y como dato curioso, sus ilustraciones -los originales pintados en gran tamaño- mejoran considerablemente cuando aparecen más reducidas que en las láminas (ver págs. 377 y 387). Quizás se podría haber jugado con esto, para no tener un contraste tan chocante entre su arte y el de Larsson (recuerda al caso de la guía de Acindar). Para algunos grupos de identificación compleja (Pachyptila spp., Pelecanoides spp.) agrega los típicos esquemas de picos dibujados a línea, que parecen copiados de ediciones anteriores. Estilizadas interpretaciones de ejemplares de museo, contraídos y deformados al secarse, de mínima a nula utilidad. Esto podría y debería haberse mejorado.

Ahora, en otro planeta -o galaxia- se encuentran las ilustraciones de Larsson, muy detalladas y anatómicamente perfectas (a las que se les puede hacer mínimas, aisladas criticas). El estilo es muy propio, recuerda en ocasiones al de H. Delin. En cuanto a los bordes, los límites de las imágenes son algo tenues y contrastan poco con el fondo (tienen poco efecto tridimensional, obligando a Larsson a “cerrar” sus aves blancas con finas líneas oscuras). A su cargo quedaron los patos marinos y grupos tan difíciles como gaviotas, gaviotines y salteadores, que resuelve magistralmente y hacen que la obra ya valga la pena únicamente por esto. Solamente a título personal, cuánto se hubiera beneficiado esta guía sumándole a Larsson otro artista de alto nivel, como J. Gale (ilustrador de las guías de Scilly Pelagics), en lugar de Harrison, que bien podría haber permanecido como autor principal y editor. Da gusto estudiar las láminas de Larsson, que, aunque atiborradas de figuras, son armoniosas y muestran lo que uno “ve” a través de los binoculares, de modo realista, mientras que muchas de las de Harrison implican una forzada interpretación por parte de sus lectores/as: hay que tomarlas como una representación aproximada, estilizada o -perdónenme la falta de sutileza- algo más o menos parecido a lo que se ve.

Una gran adición es la de pequeños textos relativos a la identificación en las propias láminas. El estilo clásico de plancha ilustrada por un lado y texto por el otro se comprendía en el pasado, con limitaciones en cuanto a los métodos de diseño e imprenta, y a que lo normal era tener “autores” por un lado e “ilustradores” por el otro (incluso en continentes diferentes). Hoy los métodos de diseño son digitales y la impresión a todo color en el mismo papel hacen de aquel formato algo bastante arcaico (aunque muchas editoriales se han casado con el estilo). Estos pequeños textos resultan muy útiles, el producto se habría beneficiado notablemente si hubiera una fuente distinta o se usara “negrita” para diferenciar el Título de la figura (supongamos “adult breeding”, “juvenile”, etc.), de los detalles. No queda más que buscar y rebuscar para encontrar estos títulos.

Los textos son apropiados para un libro de este tamaño, una breve introducción a cada grupo con comentarios taxonómicos (muchas referencias recientes que alterarían mucho brillan por su ausencia), luego un bienvenido comentario general para las especies en esa página, mayormente referido a las subespecies y donde crían. Sigue el texto de cada especie (o “especie” según los autores), nombres en francés, alemán y castellano, los últimos casi siempre completamente inútiles en Argentina (suenan demasiado españoles, por no decir “gallegos”). El texto propiamente dicho comienza con un pantallazo a su hábitat en cuanto a lo geográfico y continúa con la identificación de diferentes plumajes, por edades; se intercala el mapa y se aborda la separación de especies similares.

El enfoque de la guía -que evidentemente ha de ser utilizada en todo el mundo- es evidentemente inglés (Harrison ostenta un honorifico MBE, es Miembro del Imperio Británico), si bien a veces se citan meses del año, muchas otras sólo aparecen estaciones como “otoño” o “primavera”, que debemos invertir para nuestro hemisferio. Lo mismo ocurre con algunos plumajes “de reposo” de migratorias, a los que no se les da cobertura en laminas y con suerte se los menciona en textos escuetamente (curiosamente, a menos que estén presentes en Australia o Sudáfrica). Mientras que autores argentinos se toman el trabajo de nombrar Malvinas (Falklands) en textos castellanos, aquí no hay mención de Malvinas. Me pregunto para qué nos esforzamos.

Aquí la geopolítica parece meter nuevamente la cola, siendo algo ya clásico el esfuerzo británico y de los isleños por mostrar una independencia de Sudamérica (de Argentina), a como dé lugar, incluyendo la geología (orígenes sudafricanos ya muy flojos de papeles y absolutamente refutados con evidencia dura hace pocos años), y que alcanza a la biogeografía. En el caso de la ornitología, se busca desconectar las islas del continente, además de favorecer el split de cada forma o subespecie local, a veces tensando demasiado las cuerdas. Tres ejemplos: 1_ el caso del pato vapor o quetro malvinero, siguiendo un estudio basado en un muestreo deficiente (voluntarios colectaron plumas para análisis molecular, confundiendo algunos pocos quetros endémicos por aves voladoras: es decir que todas las muestras de ADN fueron de T. brachypterus). Determinaron entonces que en las islas solo existe el quetro endémico ¡y que un porcentaje ínfimo vuela!! Este error fue publicado (Fulton et al. 2012) y seguido por autores como Woods (2017) y muchos otros, ahora Harrison et al. (2021). Es conocido el problema con las muestras y que efectivamente el quetro volador también habita las islas (como siempre se supo, pero esta rectificación no se ha publicado y nuevas guías omiten la presencia del volador para nuestro archipiélago). 2_ Se trata aquí a los salteadores subantárticos Catharacta antarctica de las islas como una “especie” aparte (al igual que en Howell & Zufelt, 2019). Esto -todavía- no tiene respaldo de ningún tipo, el mapa solo abarca las islas y aguas circundantes, y en el texto no se aclara nada sobre las colonias en la Patagonia continental (como si no existieran), y se menciona al pasar “pocos en Tierra del Fuego” (donde de hecho nidifica C. chilensis, no la especie mencionada). Mucho se puede hablar y ampliar sobre este tema. 3_ Se trata como especie a “Leucocarbo albiventer” otra decisión disparatada, ya que el morfo albiventer representa una variación de plumaje, y no constituye siquiera una subespecie, ver como mínimo el estudio molecular de Calderón et al. (2014). Por supuesto los 3 taxones figuran con nombre propio comenzando en el prefijo “Falkland“. Probablemente ese sea el único objetivo, estemos atentos a la elevación a rango especifico de cada subespecie endémica en el futuro próximo (bueno, en realidad ya está ocurriendo hace tiempo), y como curiosidad, examinemos nombres de especies buscando al “argentine-algo”, solo encontraremos “chilean-algo” y “falkland-algo”; igualmente abundan falklandicus y chilensis, pero brilla por su ausencia el argentinus (y recuerdo sólo un “malvinarum”, para una subespecie de Caranca). Hay explicaciones históricas, pero tambien políticas.

Desviándonos levemente de la geopolítica, se da estatus especifico (al estar claramente separado en texto, mapa y lamina, con nombre vulgar propio “Fuegian Storm-petrel”) a “Oceanites (oceanicus) chilensis”, con esa mera precaución en el paréntesis. Este tratamiento no es nuevo, y se basa -de momento- puramente en opiniones o en trascendidos de algún estudio desconocido, no hay publicación disponible y nos encontramos hace tiempo con guías que sientan taxonomía y se citan escalonadamente (ver por ejemplo la guía de “Argentina” de Pearman & Areta, 2021 citando a Howell & Zufelt, 2019 ¡quienes no presentan evidencia alguna ni dan explicaciones! Sin dejar de tratar las diferencias, se puede plantear un enfoque más cauto, considerando la evidente clina S-N, y cierta neotenia en el N (Savigny 2021). No podía faltar la especie “descubierta” por Harrison, el paíño pincoya, taxón de validez ya cuestionada por varios autores (mucho se podría hablar al respecto). Esta obra va más allá y ya insinúa otro split de una forma de “Fuegian” Storm-petrel con vientre blanco. ¿Es decir que una “especie” sin describir y salida de guías, sería separada en dos “especies”, también en guías? Atrás quedan el concepto biológico de especie, el tratamiento subespecífico, el de morfo, la seriedad, etcétera.

Volviendo a las láminas, textos y el enfoque “del norte”, se aprecia una falta de preocupación en el tratamiento de por ejemplo la forma (o mejor, morfo) “eurygnathus” del gaviotín Thalasseus acuflavidus. Nuestros “pico amarillo” están representados por una cabecita perdida, con pico anatómicamente incorrecto, y no se aborda en absoluto la extrema complejidad de plumajes y colores de pico, con presuntos T. elegans, validados por algunos, refutados por otros, y en definitiva una incógnita generalizada (para empezar a comprender el tema conviene leer a Shoch & Azpiroz (2016), y asimismo es recomendable -por errado- ignorar el tratamiento y lámina en Pearman & Areta (2021). Si seguimos al pie de la letra el presente trabajo de Harrison et al. todos los ejemplares con pico anaranjado o bicolor y tinte rosado caerán en la bolsa como T. elegans. El plumaje “de reposo” del ártico Sterna paradisaea brilla por su ausencia y tanto en ilustraciones como texto se destaca “cola blanca”. Con este tremebundo error (siempre tiene negro el vexilo externo de las “streamers”), se seguirá mal identificando como ártico a cuanto gaviotín antártico en plumaje monocromático se vea en el sur helado (basta ver fotos en plataformas y listas de viajes antárticos). Otro error es la postulación del “escalón” blanco formado por las puntas de las terciarias en el ala plegada (sendas manchitas blancas en medio de la espalda negra), como diagnóstico para separar Larus atlanticus de L. dominicanus. De hecho, esto puede verse (o no) en ambas especies.

Salteando más especies del norte, llegamos a los pingüinos, básicamente toda forma distintiva es tratada como especie (aquí se siguen ciertos trabajos moleculares, pero se ignoran otros cuando aportan datos en contrario, por ejemplo, en el caso de la forma filholi del penacho amarillo). Se aborda de manera simplista a Eudyptes schlegeli, y se adoptan todas las nuevas razas (“especies” según otros), para el pingüino de vincha. Regresando brevemente a los mapas, si el color azul representa la distribución no reproductiva, se puede afirmar que -como mínimo- todos los mapas de pingüinos, albatros y petreles están mal, ya que su distribución reproductiva es muchísimo más extensa que las mínimas áreas amarillas en torno a las islas, un minúsculo ejemplo el de albatros que vienen del pacifico neozelandés a la plataforma argentina mientras por turnos incuban, empollan y crían.

No abundaré en comentarios acerca de los albatros y los “estadios” o “stages” de Harrison, tampoco sobre la mayoría de los petreles más allá de lo ya aclarado (pues lo desarrollo extensamente como un estudio propio y original en Savigny 2021). Mi estudio de plumajes fue hecho completamente desde cero y en el caso de Diomedea spp. considerando las evidentes diferencias entre sexos, y así como tengo algunos acuerdos, creo tener varios desacuerdos con los criterios de la presente guía de Harrison et al. Además, plumajes jóvenes que considera diagnósticos para Diomedea dabbenena también existen en D. exulans. Sí coincidimos en la aparición temprana del “piano” en la cola del primero, grato y curioso hecho tanto en el término elegido como en la marca diagnóstica, considerando que ambas guías salieron casi al mismo tiempo y recién he accedido en 2022 a Harrison et al. (2021).

En el resto de los petreles, se reflejan los últimos splits (publicados o no), pero es bienvenido el tratamiento en fichas individuales, y con ilustraciones propias cuando sirven para la identificación, para especies crípticas resultan virtualmente inútiles y pueden generar confusión. Encontraremos todas las nuevas pardelas (particularmente las que antaño agrupábamos como assimilis y boydi), paíños a granel y otros petreles ya separados. El tiempo dirá si constituyen especies válidas o no, es todo un tema a conversar el de autores de guías de aves que desean “anticiparse” a los estudios y publicaciones, buscando evitar algo en realidad inevitable, que es quedar desactualizados en el corto o mediano plazo. Siguen las aves más costeras, cormoranes, piqueros, fragatas, que brevemente ya he comentado y elogiado particularmente las últimas varias veces.

Revisar una guía de esta envergadura, prestigiosa heredera de aquella con la que todos los que estamos vivos realmente aprendimos a identificar aves marinas, no fue para mi algo trivial. Desde su adquisición en la ya mítica librería L.O.L.A. durante un viaje a Buenos Aires, su predecesora me acompañó durante décadas, hoy esta nueva encarnación entra al servicio de nuevas generaciones (y viejas también, por qué no). Más allá de muchos puntuales errores, omisiones o posturas que desenfadadamente me he tomado el atrevimiento de criticar y destacar en los párrafos anteriores, se trata de LA nueva referencia sobre las aves marinas del mundo. Seguramente será única en su nicho por los próximos 25 años, quizás más. La cantidad de información condensada es enorme, y si bien se centra en la identificación, hay aquí y allá comentarios y párrafos que se expanden un poco a la taxonomía, la biología o biogeografía. Aquí parece evidente la mano del coautor Perrow, que ha logrado textos muy uniformes entre las especies y de lectura clara y concisa. Creo que adquirir este libro vale la pena ya sólo por contener tantos grupos tratados. Tener todas las gaviotas y todos gaviotines del mundo ilustrados por Larsson ya justifica la compra. A eso sumemos todos los otros grupos, y estamos hablando de una pequeña biblioteca de guías de identificación específicas por grupo, aquí condensadas en un solo volumen. Sí, el precio -como nos tiene acostumbrados Lynx- es muy elevado (incluso cuando en Argentina los libros importados no pagan impuestos y se consiguen al cambio oficial), pero consideremos ¿Cuánto nos costaría comprar guías individuales (cuando las hubiere) de todas las gaviotas del mundo, de los gaviotines, macáes, patos marinos, salteadores, cormoranes, piqueros, fragatas, albatros, petreles, álcidos, pelicanos, etcétera?

Ojalá en algunos años podamos contar con una versión actualizada y corregida, de tapas blandas, más económica, tal como se hizo con la versión anterior. Más leo y examino este libro en detalle, más cuento los días hasta mi proxima campaña en el mar, con aves que deseo ir a ver, o volver a ver y estudiar. Es contagioso, me pasó con la original, hoy con esta. Si le ocurre lo propio a mucha gente más, se allanará el camino para proteger las que aún abundan y evitar la extinción de aquellas que ya se están yendo.

 

Christian Savigny

alasdeloceano@gmail.com

Instagram @alasdeloceano

 

Fuentes citadas:

Alexander WB. 1963. Birds of the ocean: containing descriptions of all the seabirds of the world, with notes on their habits and guides to their identification. Putnam

Calderón L, Quintana F, Cabanne GS, Lougheed ST & P Tubaro. 2014. Phylogeography and genetic structure of two Patagonian shag species (Aves: Phalacrocoracidae). Mol Phylogenet Evol. 72: 42-53.

Checklist Committee (OSNZ). 2022. Checklist of the Birds of New Zealand (5th edition). Ornithological Society of New Zealand Occasional Publication No. 1. Wellington: Ornithological Society of New Zealand.

Fulton TL, Letts B & B Shapiro. 2012. Multiple losses of flight and recent speciation in steamer ducks. Proc. R. Soc. B 2012 279.

Harrison P. 1983/1985. Seabirds: an identification guide. Christopher Helm, London.

Howell SNG & K Zufelt. 2019.  Oceanic Birds of the World: a Photo Guide.  Princeton & Oxford: Princeton University Press.

Liebers-Helbig D, Sternkopf V, Helbig AJ & P de Knijff. 2010. The Herring Gull Complex (Larus argentatus - fuscus - cachinnans) as a Model Group for Recent Holarctic Vertebrate Radiations. In: Glaubrecht, M. (eds) Evolution in Action. Springer, Berlin, Heidelberg.

Liebers-Helbig D. 2013. The molecular revolution and its consequences for ornithological research. Ornithol. Beob. 110: 257–269.

Pearman M & JI Areta. 2021. Birds of Argentina” and the “South-west Atlantic”. Princeton University Press.

Savigny C. 2021. Aves del Atlántico Sudoccidental & Antártida. Ediciones LBN.

Shoch DT & A Azpiroz. 2016. Revisiting Escalante’s terns: provenance of Sandwich (Cayenne) Terns on the Uruguayan coast Neotropical Birding 19: 44-55.

Tuck GS & H Heinzel. 1979. A field guide to the seabirds of southern Africa and the world. Collins.

Woods RW (2017). The Birds of the Falkland Islands: an annotated checklist. BOC Checklists Series: 25. Tring, UK.



   Jorge La Grotteria
Cantidad de mensajes: 6642
Fecha mensaje: 23/11/2022 18:11:24


Hola Christian! Me guardo en favoritos esta reseña, ya que le voy a poder sacar más jugo luego de leerla varias veces! es muy interesante que la misma provenga de una persona bien conocedora del tema, porque resulta un nivel de profundidad destacado. Gracias por semejante aporte!!! 



   Christian Savigny
Cantidad de mensajes: 79
Fecha mensaje: 24/11/2022 13:33:36


Un gusto para mi subirla, primero devolviendo el favor de que revisaran mi librito, y despues para tratar de dar continuidad a ecoreseñas. La comence con intenciones de enviarla a una muy conocida revista, pero al completarla, considere los obstaculos de siempre: censura a ciertos puntos de vista, opiniones de editores que quieren endulzarlo todo para quedar bien con todo el mundo, longitud de la revision, formato, estilo,  ahora encima hay que estar en el ambito academico para publicar. Aqui hay libre expresion, me parecio el mejor lugar. Ojala veamos revisiones de guias locales en un futuro proximo. Saludos C.



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