Siempre viví en la provincia de Buenos Aires. Mi observación de su naturaleza comenzó tempranamente, y nunca cesó. Mi higuera es en verano un muestrario contable de las especies más comunes, y mi jardín una sorpresa permanente. El volver reiteradamente a espacios conocidos me reveló cambios contundentes: no hay más gorriones en los altos plátanos de las calles; llegaron las picazuró, desplazando palomas mensajeras y torcazas (aunque haber plantado Liquidambar en las calles tambien ha contribuido a la alimentacion de todas); hay cada vez menos golondrinas en los cielos del verano; han llegado chillando numerosas especies de "loros", conviviendo con las tradicionales cotorritas; acompañandolos, llegaron caranchos primero, luego gavilanes que parecen nidificar en las azoteas; los zorzales ahora son legión, disputando con los horneros, que antes vivían más bien en los campos, igual que las rapaces. En suma, a esta hora, la diversidad que observo me hubieran parecido inconcebibles en la época en que comencé a prestar atención...
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